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RECONQUISTA DE
BUENOS AIRES / Las Invasiones Inglesas y sus consecuencias
(Segunda
Parte) |
Hacia
el bicentenario de la Patria • Nota X |
| Calle
por calle, casa por casa sin tregua para el invasor |
Por Armando S. Fernández
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| Las
directivas que el primer ministro británico Lord
William Whyndam trasmitió al General John Whitelocke,
fueron terminantes: “Por orden de su Majestad, el
rey Jorge III, Buenos Aires debe quedar bajo el dominio
inglés”. Y Whitelocke, que tenía bajo
su mando a casi doce mil hombres, le respondió,
muy seguro de sí mismo, que “eso era lo que,
inevitablemente, sucedería” |
| Recuperada
la ciudad de Buenos Aires y con Santiago de Liniers como
virrey interino, el gran héroe de la Reconquista
se ocupó de emitir el 9 de septiembre de 1806 un
bando en el que se convocaba a la formación de
nuevos cuerpos |
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| militares.
Se temía y con razón que los ingleses no tardarían
en repetir la primera y frustrada intentona de apoderarse
de la ciudad. Así nacieron regimientos de gallegos,
vizcaínos, andaluces, catalanes, etc, todos ellos provenientes
de la colectividad española. Pero también esta
histórica proclama originó el primer regimiento
auténticamente criollo, el de la Legión Voluntarios
Urbanos Patricios, cuya jefatura recayó en don Cornelio
Saavedra -ilustración arriba a la izquierda-.
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El ataque de Whitelocke
El 16 de enero de 1807 los ingleses desembarcaron
en Montevideo, sitiando y doblegando la ciudad. El jefe inglés
sabía que no debía cometer los errores del Comodoro
Home Popham que no la había tomado el año anterior.
Desde Montevideo se lanzaría a la conquista de Buenos
Aires. Entretanto, dos mil voluntarios llegaron desde esta orilla
para auxiliar al gobernador oriental Pascual Ruiz Huidobro.
Entre ellos, había seiscientos soldados del Regimiento
de Patricios al mando del Coronel Elío. Ellos libraron
un combate desigual y fueron derrotados y ese fue el verdadero
bautismo de fuego de los Patricios. |
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| El 28 de junio
Whitelocke -ilustración arriba a la der.- y sus tropas
desembarcaban en la Ensenada de Barragán, transitando
bajo mal tiempo los 65 km que los separaban de El Retiro. El
1º de julio Liniers los enfrentó en los corrales
de Miserere, pero sus hombres fueron batidos por la experimentada
tropa británica. Inexplicablemente los ingleses cometieron
el terrible |

Patricios:
Desde la Defensa de Buenos Aires hasta el grito libertador
de Mayo
Acudiendo al llamado de Liniers, los criollos se presentaron
en el Fuerte de la ciudad el 15 de septiembre de 1806.
Se crearon tres batallones y para cuartel del regimiento
fue destinado, en febrero de 1807, el edificio del Real
Colegio de San Carlos (hoy Colegio Nacional de Buenos
Aires, en Bolívar 263), situado a una cuadra del
Cabildo. Algunos de aquellos oficiales se llamaban Medrano,
Chiclana, Díaz Vélez, Perdriel, Monte de
Oca y Manuel Belgrano (quien llegaría a ser jefe
de la unidad). Entre ellos estaba también un joven
subteniente, Vicente López y Planes, quien sería
tiempo después el autor de la letra de nuestro
Himno Nacional. Los tres batallones estaban compuestos,
cada uno, por una compañía de cazadores,
otra de granaderos y cinco de fusileros. Para el 18 de
octubre de 1806 el Ejército de Buenos Aires contaba
con un total de 7.883 efectivos, de los cuales, 1.448
pertenecían a los Patricios. Su jefe, Cornelio
Saavedra, fue nombrado Presidente de la Primera Junta
de Gobierno Patrio. Los Patricios defendieron con el filo
de sus bayonetas el grito de Mayo de 1810 y son históricamente
la génesis del Ejército Argentino. Desde
hace dos siglos pelearon en todos los combates y batallas
librados por la Nación Argentina. |

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error táctico
de no explotar a fondo aquella primera victoria. Eso les daría
tiempo a los defensores de rehacerse y prepararse para la batalla
decisiva. El Alcalde español Martín de Álzaga
organizó férreamente la defensa civil. Los pobladores
se prepararon a combatir calle por calle y casa por casa. Los
Patricios fueron distribuidos en varios puntos de la ciudad.
En la Plaza de Toros ubicada en El Retiro y en la Plaza Mayor.
Asimismo reforzaron al Batallón de Arribeños,
ubicado en la iglesia de La Merced. Esta posición iba
a cerrar al enemigo el último puesto de resistencia.
El 5 de julio de 1807 unos seis mil soldados atacaron Buenos
Aires. Siete mil defensores los esperaban. La muerte se adueñó
de las calles. Llovieron balas, agua, grasa y botijos de aceite
hirviendo sobre el invasor, desde las barricadas y terrazas.
Las tres divisiones de Whitelocke avanzaron fraccionadas en
catorce columnas, desde el oeste hacia el centro. Entre otros,
los batallones ligeros y el 95, liderado por el Teniente Coronel
Dennis Pack, un indigno oficial vencido el año anterior,
quien había jurado no volver a tomar las armas. Contra
esta fuerza chocaría el grueso del Regimiento de Patricios.
Los brigadieres Auchmuty y Lumley presionaron hacia el centro
pero fueron contenidos por Patricios, Arribeños y Andaluces.
Los británicos, comandados por Cadogan, se vieron emboscados
y aniquilados por los Patricios que comandaba Saavedra. Abandonaron
sus cañones y se retiraron, encontrándose con
Pack que había sido rechazado en su intento de apoderarse
de la Iglesia de San Francisco. Ambas fuerzas ocuparon la Iglesia
de Santo Domingo, pero ante la embestida de criollos y españoles,
el Brigadier Craufurd decidió rendirse. El ya desesperado
Whitelocke jugó su última carta enviando a más
de mil soldados que se enfrentaron a Patricios, Gallegos y Andaluces.
Tras el terrible choque, la última esperanza de victoria
para los ingleses se esfumó. Whitelocke rindió
sus armas y banderas el 7 de julio de l807. La última
aventura bélica inglesa en el Río de la Plata
había terminado en desastre. Esta nueva victoria contra
tan poderoso enemigo afirmó en los patriotas criollos
la certeza de que debían independizarse del poder español.
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NOTA: La vida en el Buenos Aires Colonial |
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