Llego a cada uno de Uds. y sus familias para dar gracias a Dios por estos días propicios para la meditación y la celebración de la fe. Es lo más importante, lo demás está fuera de nosotros. En nuestro interior es donde se forja nuestro destino, el de la Patria y el mundo.
Si no consideramos a Dios en el horizonte de nuestras vidas, falseamos el concepto de la realidad, chocamos con ella, sufrimos la pérdida del sentido de la vida, dejamos de entendernos a nosotros mismos y nos vemos forzados a crearnos una razón que justifique la lucha del día a día. Ante el primer tropiezo nos convencemos de que la existencia del hombre es un error.
Para quienes creemos en “Dios Amor” que se nos ha manifestado en Jesucristo, por cruda que sea la realidad (tanto como puede ser la guerra, para la que se prepara el soldado), Jesucristo en la cruz, tal como lo contemplaremos este Viernes Santo, nos habla del Amor que Dios nos ha tenido y al cuál estamos llamados. No somos frutos de un genio maligno, ni del Dios desconocido. Somos hijos amados de “Dios-amor”.
“Hemos sido rescatados al precio de la Sangre de Cristo”, esa es la causa de nuestra dignidad infinita. La cruz de Cristo nos habla del triunfo del amor sobre el pecado y la muerte. Por eso “ es justo que ya no vivamos para nosotros mismos, sino para Él, que por nosotros murió y resucitó” . En su sangre fuimos bautizados y hecho hijos del Padre Eterno. En su sangre somos hermanos de todos los hombres, pues murió por todos.
¿Qué sería el soldado sin la fe en Dios?
- Tal vez un ser asustado o que ha hecho el mal negocio de arriesgarlo todo por la paga.
- Nuestro amor a la Patria se vería encogido, achicado, pues hay que saberse amado para poder amar.
- La libertad se volvería una vaga promesa si no fuera para vivir como hijos de Dios.
El Viernes Santo rezaremos: “¡Oh Cruz! esperanza y salvación nuestra”. “ La Iglesia sabe, por revelación de Dios y por la experiencia humana de la fe, que Jesucristo es la respuesta total, sobreabundante y satisfactoria a las preguntas humanas sobre la verdad, el sentido de la vida y de la realidad, la felicidad, la justicia y la belleza”
Jesús en su testamento nos dice: “Ámense unos a otros, como yo los he amado”. Es lo que hace un soldado cuando se hace servidor y está dispuesto a dar la vida por la Patria. Al modo de Jesucristo, que la dio por todos. Nosotros lo entendemos así. Hemos conocido su amor, nos sabemos amados, perdonados, cuidados por él. Esta es la fuente de la camaradería y del espíritu de cuerpo: Si hemos de amar a todos por amor de Dios: ¡Cuánto hemos de hacerlo para con el compatriota, para con el camarada!
Esta es la propuesta de Jesucristo. Este es el don que hemos recibido y queremos compartir con todos: “hombres y mujeres, pobres y ricos, judíos y extranjeros, justos y pecadores”, con quienes creen, con quienes no lo hacen, con quienes nos lo pregunten. Estamos felices de nuestra fe y proclamamos al mundo: ¡No tengan miedo!, ¡ábranle las puertas a Jesucristo!, salvador del hombre. El, su espíritu y doctrina, reconcilia la sociedad, robustece la familia, estrecha los lazos de amistad, da fundamento al amor humano, está en el origen de la patria, marca el rumbo de su salud, derriba las barreras de cualquier discriminación y hace fuertes a los soldados. En fin, él hace nuevas todas las cosas . Mi bendición a quienes celebran y a quienes se alegran por nuestra alegría. ¡Felices Pascuas!
Mons. Mario Bonabotta
Capellán Mayor 
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