Compartimos la homilía de Monseñor Bonabotta, pronunciada durante la misa celebrada en el Salón Belgrano del Edificio Libertador con motivo del bicentenario del Ejército.
En vísperas del aniversario de creación de nuestro querido Ejército, ofrecemos la Santa Misa en Acción de gracias a Dios, porque podemos servirle en él; Por los muertos, especialmente los caídos en el cumplimiento del deber; Y por sus necesidades, que son las nuestras.
Este año, este acontecimiento tiene una significación especial, dada por su segundo centenario junto al de la Patria. Lo estamos celebrando bajo el lema: “UN EJÉRCITO PRESENTE EN DOSCIENTOS AÑOS DE HISTORIA”.
Podríamos decir más: “Un Ejército con un papel protagónico en la génesis misma de la Patria y presente en sus doscientos años de historia”. Claro está, el único modo en que se es-cribe la historia humana: con luces y sombras, pero con una presencia insoslayable que tiene por resultado final: la Patria.
Así nos lo dice la investigación histórica rigurosa de los acontecimientos de mayo y de todos los vinculados a la Revolución e Independencia. También así, nos lo muestra el arte de época: tantos militares y sacerdotes, como ciudadanos civiles, en torno a la señera figura del Cabildo. Lo mismo en 1816, en la casa histórica de San Miguel de Tucumán.
“UN EJÉRCITO PRESENTE EN 200 AÑOS DE HISTORIA”. Decir “PRESENTE” es mucho más que decir “no ausente”. Decir presente es decir “disponible”, dispuesto”, “espiritualmente apto”. Es “estar”, pero “a la altura de las circunstancias”.
Las circunstancias, a los 200 años de la Patria y del Ejército, como fuera dicho por los Obispos, en los discursos oficiales y por la multitud que se volcó pacífica y expectante a las calles en las recientes celebraciones, reclaman grandeza de espíritu, magnanimidad, de todos y cada uno. La magnanimidad es, precisamente, la virtud más propia e indispensable en la naturaleza del soldado. Dios, grande y fuerte, es fuente de magnanimidad.
Precisamente, en la primera lectura correspondiente a la misa de este viernes, San Pedro exhorta a la magnanimidad: “Pongan al servicio de los demás los dones que han recibido, sean buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. El que ejerce un servicio (o ministerio) que lo haga como quien recibe de Dios ese poder, para que Dios sea glorificado en todas las cosas, por Jesucristo”.
En el Evangelio, se proclama a Jesús que entra al Templo, celoso de los bienes que su Padre confió a los hombres y recordando luego la higuera que, por estéril, maldijo. Después, exhorta a la “fe grande en Él” y que nos hace partícipe del poder del Padre.
Providencialmente, el hilo conductor de las lecturas nos anima a la magnanimidad requerida para decir con verdad y fundamento: PRESENTE.
Para que el Ejército diga ¡PRESENTE!, en esta hora de la historia, lo deben decir sus hombres, nosotros. Es allí donde se hace más vigente que nunca la divisa del Ejército Argentino:
La fe en Dios. Dios verdadero y la coherencia de vida. Dios, fuente de magnanimidad para quienes viven según Él y sin quien no hay razón ni justicia.
Amor a la Patria. Entendido el amor como servicio, según nos lo enseñaba San Pedro. El hombre de armas sabe “qué es servicio”, tanto como sabe “cuál es su combate”. Combate que no debe extrañarle, como dice el mismo Apóstol.
La pasión por la libertad. La que si no es pensada sobre los parámetros de la verdad moral, se convierte en moneda falsa e ilusión estéril. Sin la que el hombre no alcanza su dignidad, ni es posible el amor de caridad.
En síntesis:
La Palabra de Dios nos sugiere, hoy a nosotros, que “UN EJÉRCITO PRESENTE EN 200 AÑOS DE HISTORIA”, puede continuar presente, a condición de estar a la altura de las circunstancias. Estas, exigen la magnanimidad que hace indispensable vivir, proclamar y cultivar, con constancia y fidelidad, los valores permanentes que son su divisa.
La grandeza y la magnanimidad es, ante todo una actitud espiritual y ética, debe ser cultivada y pedida a Dios. Hagámoslo con confianza, por la patria que heredamos de nuestros padres, por la gloria de nuestros héroes, el descanso de los muertos y la deuda con las próximas generaciones. 
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