| Esta nota es una breve semblanza de los aspectos más importantes vinculados con los sonidos musicales originados por los festejos del primer Centenario de la Revolución de Mayo de 1810.
El tango ya era danza porteña consolidada y el bandoneón había sabido instalarse orgullosamente en manos de excelentes músicos para definir, con puro arte, su personalidad melódica y rítmica.
Todas las bandas en ese año de 1910 incluían en sus repertorios gran cantidad de tangos, como los infaltables El Choclo y La Morocha, junto con El Otario, Ni fósforos, Joaquina, El Entrerriano, Don Juan, La catrera, El Porteñito y tantísimos más.
Las rondallas amenizaban principalmente los bailes de reuniones y agrupaciones españolas con músicos que tocaban todo tipo de instrumentos de cuerdas: rondallas José Vázquez, Bretón y Prudencio Aragón. Al igual que las bandas, las rondallas tocaban tangos y dejaron grabados buena cantidad de discos.
En las academias, que no eran otra cosa que lugares para bailar, todavía seguían vigentes los organillos, orquestones y pianolas que funcionaban con fichas que pagaban los bailarines.
El piano, los dúos, tríos, cuartetos y quintetos integrados con músicos flautistas, violinistas y principalmente bandoneonistas, fueron suplantando en poco tiempo más a esos instrumentos musicales automáticos que hicieran su aparición en el mundo en el siglo anterior.
No ocurrió lo mismo con el organito callejero, sostenido con gruesa correa de cuero a la espalda del organillero caminador de los barrios, que con sus pequeños fuelles soplaba melodías en tangos, valses y zarzuelas, siempre esperado para oírlo y disfrutarlo por grandes y chicos. A ese organito callejero le pertenece el honor de haber sido el difusor musical más directo y el de mayor vigencia entre el pueblo, desde aquel organillero italiano a quien se le otorgara el primer permiso en el año 1842.
En ese 1910 y para los festejos patrios llega a Buenos Aires la Infanta Isabel, de España. Vicente Greco le dedica un tango de su autoría: La Infanta.
A este año le tocó el placer de ver cómo convivieron armoniosamente músicos, máquinas musicales, organitos callejeros, junto a las jóvenes y orgullosas máquinas parlantes reproductoras de cilindros y discos: los fonógrafos y gramófonos, convertidas en el principal vehículo difusor social de acontecimientos artísticos.
Fue éste un año exitoso comercialmente para las casas que vendían estas máquinas parlantes con sus discos o cilindros de cera. Una de ellas fue la de José Tagini, en Avenida de Mayo y Perú, en donde se produce el bautismo de la denominación "orquesta típica criolla" asignada a Vicente Greco cuando realiza en esa casa, y a fines de ese año, la primera grabación del tango Rosendo de Genaro Vázquez.
Para los festejos llegaron a Buenos Aires más de un centenar de grabaciones criollas realizadas por bandas y orquestas, en las cuales prevalecían los tangos: de Francia, la Banda de la Guardia Republicana de París y la Banda Pathé; de Italia, la Banda de Milano; de España, la Banda Española; de Alemania, la Orquesta Beka y la banda Homokord; y de Estados Unidos, la banda Edison y la Orquesta Promenade.
Fuente: Nuestro Siglo, (Hyspamerica) |