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El refugio
Que no muera el espíritu de la Navidad
10 consideraciones para la misión del cristiano.

  1. El centro de la fe y la vida cristiana es Dios Encarnado, Emmanuel. El  Niño Jesús ha nacido en Belén. “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”
  2. El espíritu de la Navidad es propio de nuestra cultura cristiana-católica y es universal, y es, por tanto, nuestro “creer y sentir” de pueblo y familia. Es lo que heredamos de nuestros padres. El espíritu de la Navidad nos dice “¡nos ha nacido un Salvador!”. El espíritu mundanal nos dice: ¡consumamos más! 
  3. Es misión de todo cristiano propagar por el mundo lo que hay de Verdadero y Bueno y que él ha recibido por la fe: “Cristo es la Verdad y la Vida”. ¿Qué mejor que difundir  el Espíritu de la Navidad?
  4. Urge que hablemos al mundo de Cristo, Dios hecho hombre para salvarnos. Ante la cultura de muerte, ante la deshumanización creciente, ante la violencia, la discordia, las profundas desigualdades y la falta de esperanza, el cristiano tiene una propuesta: el espíritu de la Navidad.
  5. Hay que difundir con más vigor el mensaje de Jesús, el Salvador del hombre: con la palabra,  con las obras y los gestos. Con la fe y la coherencia de vida.
  6. Debemos rescatar, en nuestros ámbitos, el sentido religioso de la vida. Y también el de la Navidad. El SANTO PESEBRE hace patente y ayuda a vivir el espíritu de la Navidad, que ocupe un lugar preferencial en la celebración.
  7. Pongamos pesebres en nuestros hogares y promovámoslo en nuestro medio.
  8. Elijamos y redactemos tarjetas con mensajes de fe cristiana y no simplemente con buenos deseos, campanitas, varas de muérdago o trineos nevados con Papá Noel. No olvidemos una buena obra de caridad.
  9. El día 25 de diciembre, o el 24 por la noche, vayamos a Misa con nuestros seres queridos. (¡Qué bien nos vendría a muchos una buena confesión en los días de Adviento, previos a la Navidad!) Que esa sea la celebración central dejando, si es necesario, las otras para el 31 de diciembre que no guarda mayor significación religiosa
  10. Invitemos a la bendición de la mesa familiar navideña a quienes estén. Si nos acompañan “no creyentes” nos lo agradecerán de corazón si les explicamos que le rezamos a Jesús para que les regale el don de la paz. El Padre Nuestro y una invocación a la Santísima Virgen pueden ser la mejor bendición.

Monseñor Mario Rodolfo BONABOTTA
Capellán Mayor del Ejército

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