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del público. En el cuadro segundo de esa obra, el
cantor Juan Ferrari cantó por primera vez los versos
compuestos por ambos autores sobre la música de La
Cumparsita: “Si supieras / que aún dentro de mi
alma...”.
La pieza estuvo muy poco tiempo en cartel porque ni este nuevo
tango ni la amarga sátira de La mina del Ford
en la voz de la actriz Luisa Morotti, lograron salvar su mediocridad.
Sin embargo el nuevo tango tuvo un éxito inesperado
Carlos Gardel comenzó a cantarlo ese mismo año
y lo grabó para Odeón con las guitarras de Ricardo
y Barbieri. De ahí en más fueron redescubiertos
sus valores musicales y como dijera Víctor Soliño,
«La Cumparsita comenzó a escalar los
pocos escaños que le faltaban recorrer para situarse
en la cumbre de la gloria».
Matos supo en París -por boca de Canaro- de estas novedades
acerca de su tango. Recurrió al auxilio del Dr. Calatayud,
un joven abogado uruguayo que llevó adelante las acciones
legales para deshacer la venta de los derechos a Breyer Hnos.
y prohibir que se tocara La Cumparsita con letras
o verso que no fueran los que el mismo Matos había
firmado como de su autoría: “La cumparsa / de
miserias sin fin desfila...”. Esta letra, que fue depositada
en la Biblioteca Nacional el 9 de noviembre de 1926, fue llevada
al disco por el cantor Roberto Díaz con la orquesta
Los Provincianos, aunque no es la más difundida.
Muerto Pascual Contursi el 16 de marzo de 1932, Hilda Briano
(su viuda) y Maroni (su compañero) iniciaron acciones
legales por daños y perjuicios contra Matos Rodríguez
por reconocimiento de derechos como coautores de la obra en
cuestión. Fue un larguísimo pleito que se resolvió
cuando también Matos había muerto. El 10 de
septiembre de 1948 Francisco Canaro emitió su laudo
arbitral al que se habían sometido finalmente las partes,
quedando zanjadas las cuestiones referentes a los porcentajes
por derechos de ejecución, fotomecánicos y de
inclusión en películas. También se determinó
que en las futuras ediciones de La Cumparsita deberían
registrarse las dos letras referidas, con exclusión
de las de cualquier otro autor.
Esta última previsión del laudo arbitral, responde
al hecho de que este tango tiene al menos otras dos letras
y quizás una tercera, que se presumen escritas con
la intención de ser adosadas a la música del
Becho.
Otras letras
La letra más antigua pertenece a Alejandro
del Campo, un cofrade de la Federación de Estudiantes
del Uruguay en la que militaba Matos Rodríguez al tiempo
de componer su tango. Fue publicada por la revista El
Alma que Canta en 1926 y se sospecha que es la primera
letra escrita para La Cumparsita por encargo
del autor, ante la morosidad de Víctor Soliño
(a quien le habría hecho originalmente el encargo).
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