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Cuando dentro de un siglo y medio o dos se estudie Historia, se verá el período que ahora estamos viviendo como un cambio de era más, tal como hoy, de manera convencional, los historiadores dan el final de la era moderna y principio de la contemporánea, con la Toma de la Bastilla.
En realidad, ni la caída de esa oprobiosa cárcel y fortaleza, ni el derrumbe del indignante muro de Berlín son las causas de un salto en la historia del mundo. Lo realmente importante y profundo de esos hechos son los procesos políticos que paulatina y progresivamente fueron creando las causas para que éstos ocurrieran. Esos procesos históricos que generaron un cambio profundo en la historia de la humanidad, que hoy estudiamos como un “antes y después”, nos pone como espectadores en nuestros días de hechos que comenzaron a discurrir el mismo día en que se firmó el armisticio que diera fin a la IIda Guerra Mundial y terminara con el proceso de “Guerra Fría”, volviendo a unir a las dos Alemanias en un uno solo e histórico país.
En estos días, junto con los festejos por los veinte años de la caída del muro de Berlín y la unificación pacífica de Alemania, convertida nuevamente en una gran potencia, tengamos en cuenta lo que significa “vivir la historia” de un modo que los medios de comunicaciones de todo tipo, que multiplican y aceleran los corazones noticia tras noticia, tal como quienes vivieron la Caída de la Bastilla , azorados por el final de un régimen, no alcanzaban a ver. Veamos y reflexionemos, también nosotros, país joven, para ver cómo otros países tuvieron que atravesar largos, tortuosos y dolorosos caminos para alcanzar el status que hoy detentan en el concierto de las naciones. 
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