El presente trabajo, pretende recopilar y ordenar los antecedentes documentales y bibliográficos existentes sobre un tema que la mayoría de las veces, aparece difuso, de difícil comprensión y que en raras ocasiones, ha sido tratado en la forma de una evolución cronológica. Para ello, es necesario aportar algunas explicaciones etimológicas y el origen de los grados, muchas veces confundidos con cargos y empleos, a medida que fueron evolucionando las distintas organizaciones militares.
Como una forma de tener un amplio espectro de todos los grados militares conocidos y no solamente los empleados a lo largo de la historia de nuestro ejército, trataremos también - en la parte introductoria -, aquellos que son típicos de otras organizaciones militares, para luego abordar en detalle y cronológicamente, aquellos que se usaron en nuestra historia institucional.
Los modernos grados utilizados en los ejércitos tienen su origen en las compañías de soldados del Renacimiento, en España e Italia, cuando los guerreros profesionales y Condottieri, comenzaron a reemplazar a los soldados de leva de la Edad Media.
Se puede afirmar, que el origen del nombre de los grados, está dado por el de las organizaciones militares que les dieron lugar. Las de la época a que hacemos referencia, contemplaban el agrupamiento de los hombres en grupos de compañeros o compañías, a la cabeza de las cuales, se encontraban como jefes de la tropa o caudillos, los Capitanes, término derivado del latín caput (cabeza), del que derivaron también, los vocablos Hauptmann (en alemán) y Captain (en inglés).
Estas, también se llamaron Capitanías y su efectivo era de aproximadamente 500 hombres. La reunión de capitanías, constituía un ejército, a órdenes de un capitán de capitanes o Capitán General.
En España, desde la creación de las Guardias Viejas de Castilla, en tiempos de los Reyes Católicos, la Capitanía o Compañía, comenzó a ser considerada una unidad técnica, orgánica, táctica y administrativa. Su jefe o comandante, el Capitán, se elegía entre los guerreros de mayor prestigio e intachable conducta, que hubiera servido seis años en calidad de soldado y tres como alférez.
Tenía propiedad sobre esta y de hecho, también autoridad para nombrar a quienes le secundaran en el comando. De tal suerte, surge el grado de Teniente, o Lugarteniente, cuyo nombre tiene su origen en la acción de tener o aspirar el cargo o ministerio, en este caso, del Capitán, a quien incluso, accidentalmente puede reemplazar, proviniendo su etimología del término latino locum tenens.
Esta facultad distintiva de los Capitanes de nombrar los cargos jerárquicos intermedios entre él y su tropa, abarcaba también el nombramiento de los responsables de ciertas funciones administrativas, estando entre ellos, los cargos o empleos de Alférez, los Sargentos y los Cabos de escuadra. El primero de ellos, era el oficial más joven, encargado de portar el estandarte, función de la que deriva el nombre de este grado, siendo su etimología de origen incierto, pero pudiendo provenir tanto del árabe (firis), del latín (aquilifer), y hasta del hebreo (pharaz), significando en todos los casos, un joven y aguerrido caballero, encargado de portar el pendón o estandarte, en el primero, el águila de las legiones romanas en el segundo y jefe militar, en el tercero.
En el caso del Sargento, su origen es también confuso, aunque muchas fuentes consideran que proviene del vocablo de raíz latina serviens, [...] hombre asalariado, asoldado, soldado, deformado luego por el francés en el término servient o sergient, cuyo significado está dado por el empleo de velar por las armas y los caballos del caballero.
En cuanto al Cabo de Escuadra, era quien encabezaba una Escuadra o fracción de la Compañía, pudiéndose encontrar el origen de este término, en el mismo que el del Capitán.
A raíz de que las capitanías o compañías, resultaban débiles para actuar en forma aislada, sobre la reunión de un número variable de ellas, en el S. XVII se constituyeron cuerpos denominados Colunelas, (columnas), al mando de un Collunelo o Colonel (vocablo de origen itálico, del que deriva el nombre, utilizado para el mismo grado en las organizaciones militares italiana, inglesa y francesa y el de Coronel, en la española). Estas agrupaciones normalmente tenían la duración que tuviera la campaña y luego se disolvían, pero la experiencia demostraría la conveniencia de mantenerlas reunidas en forma permanente, para garantizar la integridad del país.
Con arreglo a estas experiencias, hacia 1504 / 1505, se organizaron veinte Colunelas con un efectivo de 800 a 1500 hombres en total, cuyos jefes recibieron la denominación de Cabos de Colunelas. El conjunto de estas, se ponía a órdenes de un Coronel General (por mandar la totalidad o generalidad de las colunelas).
Siempre en la idea de lograr una mayor unidad y fuerza, en 1534, se operaron en España, importantes reformas, particularmente en el arma de infantería.
Se organizaron unidades denominadas Tercios, compuestas por tres coronelías, o colunelas, las que en lugar de 20, contaron con 12 compañías de 200 hombres. Las coronelías continuaron al mando de un coronel y la jefatura superior, la desempeñó un jefe con el título de Maestre de Campo . Aparece también el Sargento Mayor, jerarquía superior a la de Capitán, pero que no constituía escalón obligatorio para que éste ascendiera a Maestre de Campo. Desempeñaba funciones administrativas y se convirtió en el Segundo Jefe de los Tercios durante los siglos XVI y XVII.
Así como el lugar en el que los sargentos desempeñaban sus misiones, se denominaba Sargentía o Detall, el lugar o local en el que el Sargento Mayor desarrollaba las suyas, se comenzó a llamar Mayoría o Tenencia Coronela , puesto que allí se llevaban a cabo las tareas que el Maestre de Campo, delegaba en el Sargento Mayor, de donde es fácil deducir, que éste es el origen del grado de Teniente Coronel.
El grado de General proviene de la misma época, en que – como ya hemos visto -, surge la necesidad de poner un mando superior, sobre la generalidad o totalidad del ejército. De esta forma y particularmente en los ejércitos de tradición anglosajona, el cargo de General , transformado en grado, fue agregado a los ya conocidos de Teniente, Capitán, y Coronel, surgiendo así, los grados de Teniente General, Capitán General y Coronel General.
Al mismo tiempo, y siempre en las organizaciones militares anglosajonas, surgió la costumbre de agregar el cargo de Mayor, a algunos grados subalternos, para diferenciar determinadas funciones administrativas. Así, surgieron los grados de Capitán Mayor (actualmente, Mayor) y Sargento Mayor.
Este último, como vimos, en la organización militar hispana, era un cargo primero y luego un grado de la jerarquía de Oficiales, creado para establecer otro intermedio entre los capitanes y los tenientes coroneles.
Del mismo modo, puede encontrarse posteriormente entre las tradiciones y usos anglosajones, el grado de Sargento Mayor General, cuya posterior abreviatura y transformación en Mayor General, explica el por qué de la subordinación de éste último en aquellas, al Teniente General.
El nombre del grado de Mariscal, antiguamente usado en la organización española y también, en la anglosajona, deriva de dos raíces alemanas: Marah (caballo) y Scalc (cuidador, sirviente). De allí, que en algunos ejércitos, como el italiano, sea un grado de la jerarquía de suboficial y paradójicamente, también, como lo explicamos más detalladamente abajo, en los más altos grados de la jerarquía de oficiales.
En las antiguas tribus teutónicas que invadieron al Imperio Romano, el principal sirviente de los jefes tribales, era su “maestro de caballos”, o Marah Scalc. Cuando estos jefes se convirtieron en reyes de los territorios conquistados, estos sirvientes, devinieron en “oficiales de la corte” y en tiempos de guerra, en los jefes o capitanes de la caballería.
Con el correr del tiempo, en algunos países y particularmente en Gran Bretaña, el título derivó en una función o cargo administrativo civil, policial y protocolar, propia de un territorio o condado, (Earl Marshal), otro, en un grado militar, el Mariscal de Campo (Field Marshal) y también, en cargos / grados de la más alta jerarquía militar: Mariscal de Italia, por ejemplo.
Durante el S. XVII, en los países anglosajones, cuando los ejércitos se convirtieron en organizaciones permanentes del estado, la concesión de los grados constituía una prerrogativa real, usualmente conferida mediante una comisión del rey sobre personas de confianza o especialmente recomendadas.
Normalmente debía esperarse un turno para obtener estas comisiones, tiempo durante el cual, se desempeñaban grados menores dentro de las unidades, dando lugar a los llamados cargos de oficiales no comisionados (n on c ommissioned o fficers o NCO), cargos o grados que en la organización militar hispánica tuvieron los llamados clases y posteriormente, los suboficiales.
En Gran Bretaña, los grados comisionados o cargos de oficiales podían ser vendidos, cosa que se acostumbró hasta 1870, como una práctica sobreviviente de la época de los ejércitos mercenarios. Solamente permanecían siendo designados, los grados del generalato, como el resto de los grados en otros ejércitos.
Durante el S. XIX, la mayoría de los ejércitos, comenzó a aplicar el sistema de promoción o ascenso de oficiales, mediante exámenes de suficiencia y cursos de perfeccionamiento y entrenamiento. Quienes los superaban, inmediatamente eran distinguidos con una garantía que los promocionaba cuando se producían vacantes en los grados superiores. Esto también se convirtió en costumbre, al designar como garantizados (warrant), a los oficiales no comisionados (NCO) o suboficiales más antiguos, figura que se mantiene en algunos ejércitos como el norteamericano, que designa de esta manera (warrant officers), a una jerarquía del personal militar, intermedia entre los oficiales y los suboficiales.
Hacia principios del presente siglo, el sistema de graduación de los oficiales, se estandarizó en la mayoría de los ejércitos, con algunas variantes entre uno y otro país, como por ejemplo, el grado de Mayor, que entre otros, se denomina Comandante , en el español y en el francés, nombre con el que en nuestro ejército y en muchos otros, se denomina a un cargo en el que se ejerce el comando, de mayor nivel que una jefatura.
A su vez, para los grados del generalato, el ejército francés y muchos otros, pertenecientes a países latinos, adoptaron el patrón napoleónico, de agregar la magnitud del elemento comandado: General de Brigada, General de División, etc.
Otras complicadas jerarquías también fueron adoptadas por algún tiempo, por ejércitos como el ruso y otros de países de su órbita, que luego fueron derogadas para adoptar el estilo común ya nombrado y generalizado.
Por último, no puede omitirse la mención del elemento esencial de cualquier ejército: el Soldado. El origen de su nombre se puede encontrar en la baja latinidad, en el término “solidum”, que significa sueldo o dinero y del que derivó “soldatus”, o persona asalariada. Posteriormente, a esta palabra universal, la encontraremos dentro del antiguo léxico militar español, acompañada de adjetivos calificativos, que le proporcionaban a la original, una mayor jerarquía: Soldado Aventajado y Soldado Distinguido. Otro término de significado semejante, será el de Muchachos, con el que conocía a los actuales Aspirantes de nuestros institutos de reclutamiento. No podemos en esta escala jerárquica, dejar de lado, al grado de Dragoneante.
Su nombre proviene de un antiguo verbo español (dragonear), que señala al que accidental o interinamente ejerce funciones de un empleo superior. En nuestro Ejército, este grado lo han llevado los Soldados Conscriptos que se distinguían por sus virtudes personales y militares, siendo conocidos en el mismo sentido, como Cabos Conscriptos. Este grado lamentablemente, desapareció junto con el Servicio Militar Obligatorio, dando lugar a los grados de tropa voluntaria: Voluntario de 2da En Comisión, Voluntario de 2da y Voluntario de 1ra.
Hacia 1864, todavía se mantenían los grados tradicionales del período de la Independencia. Estos eran los vigentes en la época virreinal, más los agregados de Sargento Mayor y Coronel Mayor. Este último, intermedio entre los grados de Coronel y Brigadier, fue introducido en el escalafón por decreto del 31 de agosto de 1814.
En cuanto al grado de Sargento Mayor, existen constancias de su creación por parte de Manuel Belgrano en 1813 y aprobado por decreto del 22 de octubre del mismo año. La situación que se presentaba a la sazón en el Ejército Auxiliar del Perú, lo obligó a convertir en grado al cargo de Sargento Mayor - Jefe del Detall del Batallón o regimiento desempeñado por un Capitán -, ya que por la victoria de Salta, un ascenso amplio otorgado por el gobierno, había ascendido a Tenientes Coroneles a la mayoría de los capitanes. Esta circunstancia le privaba de disponer de personal en quien confiar los comandos subalternos, que ahora necesitaba más que nunca, en su decidido avance sobre el Alto Perú. Este nuevo grado se convertiría con el tiempo, en el de Mayor.
El grado de Coronel Mayor tiene su origen en la ley del 5 de marzo de 1813, que en su parte dispositiva, conceptuaba: “En adelante será considerado como el grado más alto a que puedan ascender los militares de la Patria, el de Brigadier de los Ejércitos”. Se suprimía así el grado de Mariscal de Campo, previsto en las ordenanzas españolas y se mantenía la adecuada relación jerárquica que aquella contemplaba.
Incluyendo estos agregados, los oficiales se subdividían en tres categorías:
Oficiales Generales
Brigadier
Coronel Mayor
Oficiales Jefes
Coronel
Teniente Coronel
Sargento Mayor
Oficiales
Capitán
Teniente 1ro
Teniente 2do
Subteniente
Alférez
Abanderado
Portaestandarte
Dentro de la categoría de Teniente 1ro, se elegía al Ayudante Mayor 1ro del regimiento –que era el ayudante del Jefe- y el Ayudante Mayor 2do -ayudante del Sargento Mayor-, percibiendo ambos un sueldo bastante más alto que el de su grado. El alférez, el subteniente, el portaestandarte y el abanderado, tenían la misma jerarquía, pero se usaba el primero y el tercer título en caballería y artillería y los demás en la infantería. Portaestandartes y abanderados, tenían la honrosa misión de conducir la enseña de la Patria.
Los ascensos de oficiales se acordaban con carácter de “efectivo” o de “graduado”. Esto último significaba que el grado se poseía en comisión , situación por la que el militar tenía todos los deberes y derechos correspondientes al título que ostentaba, a excepción del sueldo. El ascenso en estas condiciones permitía premiar méritos de oficiales que no podían ser promovidos al grado inmediato superior, por falta de vacantes fijadas en el presupuesto. El oficial, en principio, hacía su carrera en la misma unidad a la que ingresaba en calidad de cadete u obteniendo la categoría de distinguido, luego de incorporarse como simple soldado voluntario. El primero se diferenciaba del segundo, en que ingresaba a la unidad para ser oficial y el segundo, era un soldado caracterizado, incorporado voluntariamente, al que ulteriormente se le reconocían aptitudes especiales. Unos y otros estaban eximidos de los servicios del cuartel y se les empleaba en los de armas correspondientes a oficiales. Se alojaban con éstos y les estaba prohibido familiarizarse con la tropa. En las propuestas de ascenso, el cadete precedía al distinguido.
Los ascensos desde cadete a teniente coronel, se otorgaban cuando existían vacantes en el regimiento. Las propuestas eran elevadas a la Inspección general de Armas que verificaba la existencia de vacantes con las listas de revista de la unidad, el presupuesto vigente y el escalafón, registro éste último, actualizado en 1863 y que informaba sobre el orden de antigüedad y destino de los oficiales en servicio activo.
Los grados militares eran propios del escalafón combatiente (hoy Cuerpo de Comando). Los denominados cuerpos auxiliares (hoy Cuerpo Profesional), tenían hacia 1864 una situación dual. Mientras las ordenanzas militares vigentes les acordaba fuero -es decir, estado militar-, el presupuesto de 1863/64 los comprendía dentro de la Administración Civil del Ejército, con designaciones para cada jerarquía, equivalentes a distintos grados del escalafón combatiente, los que fueron evolucionando con el tiempo.
El 9 de mayo de 1865 se dio estado militar al personal de Sanidad, con las siguientes jerarquías y equivalencias con respecto al escalafón combatiente:
Cirujano Mayor..................................................Coronel
Cirujano Principal...............................................Teniente Coronel
Cirujano de Ejército........................................... Sargento Mayor
Cirujano de Cuerpo o Regimiento........................Capitán
Practicante Mayor...............................................Ayudante
Boticario............................................................Ayudante
Farmacéutico.....................................................Teniente
Algo semejante se presentó en el Cuerpo de Comisarios de Guerra, los que también, disponiendo de grados semejantes a los militares, fueron cambiándolos con el correr del tiempo.
No fue sino ya bastante avanzado el presente siglo, que el personal de los Servicios, fue equiparado en el nombre de sus grados, con los que usaba el personal combatiente. Hacia 1864, los grados de la escala jerárquica correspondiente al cuadro de oficiales, era la siguiente:
Brigadier
Coronel Mayor
Coronel
Teniente Coronel
Sargento Mayor
Capitán
Ayudante Mayor
Teniente 1ro
Teniente 2do
Alférez - Subteniente - Portaestandarte - Abanderado
Los suboficiales, por entonces denominados Clases, pertenecían a la misma condición social que el soldado voluntario, de cuyo núcleo eran escogidos por sus superiores. Su organización jerárquica, era la siguiente
Sargento 1ro.
Sargento 2do
Cabo 1ro.
Cabo 2do.
El nombre de Clases, proviene de la voz latina classis, que significa orden, rango, jerarquía. La creación de una escala intermedia entre la Tropa y el Cuadro de Oficiales, en la forma de Cuadro de Suboficiales, tendrá lugar más tarde, junto con el cambio de la designación de ciertos grados y el agregado de otros.
Es curioso saber, que la caballería no poseía para entonces, los grados de Cabo 1ro ni Sargento 1ro. Del mismo modo, resulta interesante ver cómo en esta organización, ya se le asignaba al Sargento 1ro, la función de Encargado de Compañía de las armas, con la obligación de conocer al detalle a la totalidad del personal integrante, junto con las tareas de confeccionar las listas de revista, los libros de armamento, los de control de ganado y equipo, la fiscalización de pequeños depósitos de armamento, vestuario, forraje, etc., manteniendo asimismo la disciplina, con su ejemplo y reciedumbre.
Con la Ley de Ascensos Militares sancionada el 19 de octubre de 1882 y puesta en vigencia hacia fines de 1885, se reemplazaron definitivamente las viejas “Ordenanzas Españolas”. También se determinaban una serie de modificaciones tanto en la escala jerárquica vigente, cuanto en la forma en la que deberían producirse las vacantes y ascensos a cada grado.
Se estableció un régimen de promoción por grados hasta el de Mayor inclusive (creado en ese momento, en reemplazo del de Sargento Mayor), se otorgaban mitad por selección y mitad por antigüedad. Los tiempos fijados para cada grado, sólo podían ser alterados por ascensos otorgados por acciones destacadas o heroicas. Se fijaban también tiempos mínimos de permanencia en cada grado y las condiciones de idoneidad requeridas para el desempeño en cada uno.
La jerarquía de los oficiales, sufrió leves modificaciones en la denominación de algunos grados: desapareció el abanderado y portaestandarte, permaneciendo el subteniente y el alférez; apareció como queda dicho el grado de mayor y en la categoría de oficiales generales, se crearon los grados de general de brigada, general de división y teniente general, desapareciendo los de coronel mayor y brigadier. Los clases continuaron manteniendo su escala jerárquica.
En forma categórica se precisaba que el mando era prerrogativa exclusiva del oficial. Estos sólo podrían obtener sus grados en forma “efectiva”, suprimiéndose la categoría de “graduados”, mediante la cual, un capitán, por ejemplo, podía ascender a teniente coronel graduado por méritos, reteniendo su grado original.
La Ley Orgánica del Ejército, Nro 4707, modifica la 1254 sobre ascensos militares, sancionada el 28 de septiembre de 1905 y promulgada el 10 de noviembre del mismo año, eliminó definitivamente el grado de Alférez, reemplazándolo por el de Subteniente. Hacia 1913, los suboficiales adquirieron una nueva escala jerárquica, que comprendía los grados de Cabo, Cabo 1ro, Sargento y Sargento 1ro.
En 1915, se produjo una nueva modificación a la estructura jerárquica, determinándose con precisión, las definiciones de jerarquía militar, expresando que es el conjunto de categorías que puede ocupar el militar, desde el soldado al teniente general y que grado es cada escalón de esa jerarquía. La divide en categorías de oficiales y tropa, agregando en esta última al soldado y al cadete. Crea asimismo la categoría de suboficiales, y dentro de esta, el grado de Sargento Ayudante.
En la década de los años '40, se reemplazó el grado de Teniente General por el de General de Ejército, que perduró hasta principios de la siguiente. A su vez, en la escala jerárquica del personal de suboficiales, con fecha 2 de diciembre de 1933, se incorporaron los grados de suboficial Principal y Suboficial Mayor.
El último cambio registrado en la escala jerárquica, en este caso, de los oficiales, se registró hacia fines del año 1992. Se recreó el grado de Coronel Mayor, como una forma de jerarquizar y reconocer a aquellos coroneles que habiendo sido considerados para el ascenso al generalato, la falta de vacantes se lo hubiera impedido. De esta forma, sin variar el espíritu de la Ley de ascensos, se introducía esta nueva jerarquía, que por cierto, perdura solamente durante el año en el que quien la ostenta, es nuevamente considerado y al abrirse nuevas vacantes, pasa a detentar el grado de general de brigada.
Los distintivos de Grado
Completamos la serie de artículos dedicados a los orígenes, la historia y evolución de los grados militares, dedicando el presente, a los distintivos con que se los ha distinguido e identificado para cada jerarquía. Veamos aquí, esta última pequeña historia:
A lo largo del tiempo, podemos apreciar que existió sobre este tema, una enorme variedad de formas de representar los distintivos de cada grado, tanto en los oficiales, como en los primitivamente llamados clases, luego suboficiales. Estas estuvieron dadas, entre otras, por armas blancas de punta, como la pica, la alabarda, el espontón y la jineta, así como la espada o sable e incluso un bastón característico, para el soldado, el cabo, el sargento y el oficial respectivamente (S. XVII y XVIII).
La progresiva desaparición de estas armas, trajo aparejada la aparición de otras sustitutas más pequeñas y manuables, a medida que el tiempo avanzaba y con él, la evolución de las tácticas y técnicas del combate, que fueron determinando su reemplazo por símbolos que las representaban.
Tal es el caso de la jineta, que fue sustituida por cintas de colores que pendían del hombro, dando lugar progresivamente al actual distintivo que llevan en el brazo, los suboficiales. La ubicación de estas en los brazos, ha representado desde siempre, salvo en nuestros días, en que se lleva el distintivo sobre el hombro por parte de todo el personal de cuadros, habiéndose perdido en forma lamentable, otra de las tradiciones de nuestro Ejército: el símbolo de que la práctica del comando es llevada a cabo por el brazo ejecutor de los mandos intermedios: los suboficiales.
A la recíproca, la evolución de los distintivos de grado para los oficiales, fue recayendo, en la elección de aquellos que se ubicaban sobre los hombros, simbolizando con ello que aquellos cargan justamente sobre ellos, con la grave responsabilidad de ejercer el mando
Con el correr del tiempo estas cintas de colores se oficializaron, adquiriendo configuraciones características y distintivas para cada grado, pero siempre ubicadas en el brazo o antebrazo, con algunas variantes, según la ocasión, en que se las solía emplear en un solo brazo. La explicación de la ubicación de estos distintivos, la encontramos en el hecho de que siempre recayó en la figura del clase o luego, el suboficial, la misión de llevar a la práctica, esto es, ejecutar las misiones que le ordena el oficial. Es en consecuencia, el brazo ejecutor de las órdenes de aquel.
También encontramos para los clases, las charreteras, pero sin distintivo alguno, a excepción del material (normalmente lana o algodón) y colores empleados en su confección, los que además del grado, indicaban hacia mediados del siglo pasado, el arma de o incluso la unidad de revista o pertenencia de quien las portaba.
En nuestro ejército, en cuanto a los oficiales, se adoptaron desde los albores de su nacimiento, las modalidades francesas que tenían por entonces, los uniformes españoles, de los cuales derivaron los que se comenzaron a utilizar en el período independiente.
Los primeros distintivos, estuvieron dados por galones plateados o dorados, indicativos de cada grado, cosidos en el vivo del puño de las casacas. A estos le siguieron las charreteras, las que en los primeros grados, se utilizaba en forma alternada, una por hombro, luego en ambos y en los grados sucesivos, se le agregaban flecos, bordados en gusanillo y distintivos tales como soles, gorros frigios o estrellas, característicos del espíritu republicano de ese período.
Más adelante, se agregaron presillas que las cruzaban, con estrellas indicativas de cada grado. Los materiales con que se confeccionaban, eran el cuero o cartón forrado en paño, sobre el cual se realizaban los bordados referidos y del que también pendían los flecos característicos de esta prenda, los que normalmente, eran de hilo de plata u oro.
Hacia principios del siglo pasado, la notoria influencia francesa observable en nuestros uniformes, adoptó la configuración de tiras doradas para indicar el distintivo de cada grado de los oficiales, los que se llevaban en el puño y en el kepí. Los suboficiales, en este período, continuaron usando distintivos formados por jinetas para los suboficiales superiores y escuadras para los subalternos, cosidas estas, en los antebrazos.
Hacia mediados de la segunda década del siglo pasado, se advirtió una fugaz influencia inglesa en el corte de las prendas, pero que adoptó en forma definitiva, el sistema de estrellas y soles para los oficiales subalternos y jefes respectivamente, manteniendo el de jinetas para los suboficiales.
Este sistema prevaleció hasta nuestros días, cambiando varias veces la forma y material de las estrellas (redondas, cuadradas, imitando bordados o ya más cerca en el tiempo, de forma circular, imitándolas simbólicamente). Del mismo modo, fueron cambiando la ubicación y disposición de estos distintivos, al igual que el material y colores sobre los que se aplicaban, de igual forma que la ubicación de ellos en cada prenda del vestuario militar.
En nuestros días, se puede ver una notable uniformidad entre oficiales y suboficiales, particularmente en los uniformes de combate, en el que todo el personal ostenta sus distintivos de grado, confeccionados en tela bordada primero sobre hombreras del mismo material y más tarde, los oficiales en el cuello, en un formato más pequeño, como los suboficiales, en los brazos, en el uniforme de combate. En el resto de los uniformes, los distintivos de grado, son usados por oficiales y suboficiales, en el hombro.
Razones como la sencillez, practicidad y semejanza con los usos y costumbres observados en otros ejércitos, han impuesto esta, eliminando el uso tradicional observado hasta no hace mucho tiempo, en que los oficiales portaban sus distintivos en los hombros (antes, oficiales y suboficiales, portaban sus distintivos de grado colgando del botón del bolsillo derecho del uniforme de combate. Así, los suboficiales comenzaron a usarlo en los brazos, obedeciendo a las razones ya expuestas. Es de hacer notar que paradójicamente, el uso en los uniformes de combate de este tipo de distintivos, dificulta su identificación por la ubicación y color que tienen, ya que en forma muy corriente, son cubiertos por las espalderas de mochilas, equipos de radio, correas de portación de armamento, etc, al tiempo que los convierten en objetos fácilmente enganchables. En este sentido, sería de justicia y practicidad, el volver al uso de los distintivos de grado en estos uniformes, manteniendo en el caso de los suboficiales, su divisa en el brazo y adoptando los oficiales, un distintivo más reducido, a portar en el cuello, ya que por cercano al hombro, mantiene el espíritu de la tradición y a la vez, lo vuelve más visible. Otras posibilidades, podrían ser las de llevar el distintivo en el centro del pecho.
Mientras tanto, en el resto de los uniformes se continúa usando el tradicional sistema de estrellas y soles metálicos para los oficiales y jinetas de galón dorado para todos los suboficiales, aunque en estos últimos, también se ha adoptado la costumbre de portarlo en el hombro, fijado sobre hombreras (uniformes de diario) y caponas simples (charreteras sin flecos), en los uniformes de social y gala, con nudos húngaros dorados para los oficiales y plateados para los suboficiales.
Conclusiones
Estamos conscientes de no haber agotado toda la información disponible sobre este tema y sabemos que tanto los orígenes, como la evolución de los grados usados en nuestro Ejército, quedarían más claramente expuestos en un cuadro comparativo. Empero, sabemos que entregamos al lector esta breve cronología, aportando un poco más de sustancia a los conocimientos que hacen a nuestra historia y tradiciones. 
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