| En las nieves
de Las Ardenas, las arenas del Sinaí o los desiertos de la Puna jujeña la inconfundible silueta del semioruga M-3, el “Half Track” dejaría marcada su impronta.
Desarrollado por la White Motor Company a finales de los años treinta para el ejército de los Estados Unidos como uno de los primeros transportes acorazados de personal a partir de la fusión de dos vehículos anteriores, el tractor de artillería T5 y el automóvil acorazado M2, el M3 con su peculiar sistema de tracción superaba en movilidad todo terreno a los tradicionales camiones y podía llevar trece hombres protegidos al combate siguiendo el paso de los carros de combate.
Probado en los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial, el Half Track fue producido en masa en distintas variantes equipando a los batallones del US Army y sus aliados, principalmente Inglaterra, y así, de manera indirecta, arribaron a nuestro país.
Culminada la contienda, grandes cantidades de material bélico se amontonaban abandonados en depósitos de Europa, y el estado Argentino en 1947 compró como rezagos en Bélgica canjeables por cereales centenares de tanques Sherman ex- británicos, semiorugas y transportes de personal T-16, evitando de esta manera el embargo de armas que Estados Unidos aún mantenía sobre nuestro país dada la neutralidad mantenida por Argentina durante la contienda y su reticencia a declarar la guerra a los países del Eje.
El material se hallaba en buen estado, algunos vehículos eran prácticamente nuevos y sellados de fábrica y a otros debió ponérselos en condiciones de uso.
Entre las adquisiciones figuraban alrededor de trescientos ochenta semiorugas, denominados genéricamente en el Ejército Argentino como Semioruga M-3, aunque en realidad mayoritariamente, probablemente se trataba de las variantes de exportación fabricada por la International Harvester Company y cedida a los británicos por préstamo y arriendo, las versiones M-5 y M-9, que además de diferir entre sí por la disposición interna eran distintas al M-3 externamente por el borde redondeado posterior de la caja blindada y los guardabarros ligeramente más planos. Los vehículos estaban equipados en la parte frontal con un rodillo que impedía clavar la trompa en las zanjas y otros contaban con un guardabarros con malacate.
Los semiorugas sirvieron durante décadas en nuestro país, cumpliendo satisfactoriamente las más variadas funciones, como transportes de infantería mecanizada, puestos de comando y comunicaciones, ambulancias acorazadas, tractores de artillería y transportes de munición, defensa antiaérea con cañones Oerlikon de 20mm, antitanque con cañones de 106mm sin retroceso, o fuego de apoyo con morteros de 81mm, o armados con la ametralladora MAG de 7,62 mm.
Con el correr de los años fue necesaria su modernización, dando lugar a una versión repotenciada argentina, reemplazando el motor a nafta original por un nuevo Fiat diesel, con cambios en el tren de rodaje, suspensión y equipos de radio.
Sobre el final de su carrera operativa el rendimiento mermó, al punto de ser muy caro su mantenimiento, no justificándose inversiones en los mismos.
Los últimos ejemplares en activo equiparon a los regimientos de la zona noroeste, y recientemente en el año 2006 el Ejército retiró del servicio a todos estos vehículos.
Veinte de ellos fueron donados al Ejército de Bolivia en la localidad fronteriza de Suipacha, con motivo del 196 aniversario de La Batalla del mismo nombre, en la que ambas Naciones derrotaron a los españoles en La Guerra de la Independencia.
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