| EL TANGO / Se baila el tango.
Por supuesto que con corte y con quebrada, como es de ritual
suburbano.
Las parejas, estrechamente ligadas, se deslizan á pasitos
cortos y rítmicos, á veces bruscamente detenidos
por un síncope de balanceo, con su correspondiente
voltereta y agachada.
Carmen está sola, melancólica y meditabunda.
Algún percance de amor, tal vez.
Celos, deslealtad, traición... ¿Quién
lo sabe? De improviso se le acerca Ciledonio, el infatuado
gallito del ''barrio de las ranas".
Carmen, ni se digna mirarlo siquiera.
—¿Has venido al baile á dormir?—le
dice con acento un tanto agresivo el "cumpa''.
—No, he venido á ver si encuentro un hombre limpio—murmura
Carmen con dejo despreciativo. |