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Misceláneas
Publicidad 1910
Por Horacio Rodriguez Fischer

EL TANGO / Se baila el tango.

Por supuesto que con corte y con quebrada, como es de ritual suburbano.
Las parejas, estrechamente ligadas, se deslizan á pasitos cortos y rítmicos, á veces bruscamente detenidos por un síncope de balanceo, con su correspondiente voltereta y agachada.
Carmen está sola, melancólica y meditabunda.
Algún percance de amor, tal vez.
Celos, deslealtad, traición... ¿Quién lo sabe? De improviso se le acerca Ciledonio, el infatuado gallito del ''barrio de las ranas".
Carmen, ni se digna mirarlo siquiera.
—¿Has venido al baile á dormir?—le dice con acento un tanto agresivo el "cumpa''.
—No, he venido á ver si encuentro un hombre limpio—murmura Carmen con dejo despreciativo.


—i Y te parece eso tan difícil.
—¡ Ya lo creo !
—Pues, mira, yo soy un mozo asiao. . . Yo me lavo...
—¿Con qué?
—Otre! Con agua, pues.
— No basta.
—Y con jabón.
—¿Qué jabón?
—Amarillo.
— Salí de aquí! ¡Sos un puerco!...
—¿Qué?.. .
—Que hasta que no encuentre un hombre que me pruebe que se lava con Jabón Reuter, que es el único jabón que hay en el mundo, no salgo á bailar con ninguno.
— ¡Sonsa! ¿Y esto qués? (sacando un pan de Jabón Reuter del bolsillo). ¿Vos crees que un mozo bonito y presumido como yo, m'iba á lavar con sebo y soda ordinaria ? ¡ Avisa !
—¡ Pues, es tuyo este tango, y si querés, es tuyo mi corazón !
— ¡Tableau!
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