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Desde su aparición en 1916, la ya mítica “El Alma Que
Canta”, permaneció imbatible hasta su desaparición
en 1961. Si bien no dedicada íntegramente al tango,
difundió la letra de estos, nuevos y viejos, y ayudó
a popularizar a muchos. No obstante tener competidoras e imitadoras,
“La Canción Moderna”, “El Cantaclaro”, “Cantando”,
“Radiomelodía”, etc., ninguna adquirió
su prestigio y alcance.
Aparecida para “difundir y promover a creadores e intérpretes”,
con 12 páginas y un tiraje de 5.000 ejemplares semanales,
llegó a tener un tiraje máximo de 250.000 ejemplares
y 64 páginas.
Fundada por Vicenzo Bucchieri, italiano de nacimiento, influyeron
en su cierre diversas causas, entre ellas la decadencia de
la radio ante el auge de la televisión que imponía
la imagen a la palabra, la invasión y estragos del
rock en el gusto popular, las florecientes y amordazantes
dictaduras militares, las crisis económicas, etc.
A partir de su cierre, se produce un bache sin revistas de
tango. Simultáneamente, en el país comienza
un revisionismo literario e histórico del tango que
derivó, aunque lentamente, en la aparición de
revistas especializadas, las que hicieron explosión
en la década de 1990.
Así y todo, en la actualidad el panorama editorial
argentino de revistas dedicadas a la música porteña
es pobre. Sin llegar a superar a las dedicadas a otros ritmos,
jazz, pop, rock, el mercado sólo se mantiene vivo más
con publicaciones esporádicas de corta vida, que con
ediciones estables.
A pesar de ser talento lo que sobra -los mejores escritores
especializados lo desparraman entre los periódicos
más importantes-, nadie se anima a juntarlos. De hacerlo,
plumas tan solventes como las de Gobello, Del Priore, Ostuni,
Salas, Selles, Burgstaller, Mármol, etc. podrían
escribir en una revista que podría ser un verdadero
aporte cultural y orgullo del mundo tanguero. Pero nadie los
agrupa ni ninguna empresa editorial de las grandes se sintió
tentada por el asunto. La guita es la guita y es más
redituable publicar modelos en bolas y chismes del mundo artístico
que artículos sobre música popular.
Esfuerzos editoriales hechos con empeño y pasión
por hombres o mujeres animados por el solo deseo de difundir
la historia y la evolución de la música ciudadana
porteña, han muerto por la falta de intervención
de editoriales fuertes o apoyo de reparticiones culturales
del gobierno.
Por otra parte, la ley de protección a las revistas
culturales -y el tango es cultura- anunciada por la Asociación
de Revistas Culturales en conjunción con la Secretaría
de Cultura de la Nación Argentina, por la cual el Estado
compraría dichas revistas para ser repartidas en bibliotecas,
no se concretó. De haberse aprobado la ley, muchas
revistas hubieran subsistido, y muchas más aparecido.
Baile y supervivencia
Hasta el momento, indudablemente, la promoción del
tango bailable como factor económico, es lo único
que hace perdurar la aparición de revistas de tango.
Así parecen probarlo “B.A. Tango”
y “El Tangauta”, dos revistas mensuales que
dominan el mercado actual de las publicaciones de tango. Similares
en concepción y formato, aparecidas casi simultáneamente,
bilingües y de igual tiraje, ambas están dedicadas
exclusivamente a la danza. Enfocadas inteligentemente hacia
un público bailarín tanto local como turístico
en busca de diversión tanguera, fueron la ventana indispensable
para anunciarse de maestros de baile, academias, milongas,
músicos, agencias de turismo, fabricantes de vestuario
tanguero o alojamientos cerca de los salones de baile. Ilustradas
con profusión de fotos de tipo social tomadas en bailes
y clubes, sus listados de milongas y horarios, pronto capitalizaron
lectores y anunciadores. Dado que éste tipo de información
es su fuerte, ambas ofrecen escaso material de lectura: alguna
entrevista, un cuento o comentario y breves noticias del ambiente.
Atractivas a la vista y lujosamente impresas, las dos se disputan
el mercado de los bailarines. Su bilingüismo, enfocado
hacia el turista que lee inglés, les amplía
el mercado.
Lo que las separa fundamentalmente es el enfoque editorial.
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