|
Xuavia
La perra Xuavia estaba preñada cuando partió
a la Gesta de Malvinas, siendo su Guía el Soldado C/62
Carlos Silva del Batallón Seguridad ARA Agrupación
Perros de Guerra. En la noche del 13 al 14 de junio, luego
de soportar un intenso bombardeo británico sobre las
posiciones argentinas, Xuavia regresaba junto a las tropas
patriotas a Puerto Argentino pero repentinamente se separó
y corrió hacia la negrura de la noche. Varias horas
después fue encontrada dándole calor con su
cuerpo a un soldado argentino herido, el que fue llevado prontamente
hacia el hospital por los camilleros y enfermeros del Ejército.
De no haber sido por Xuavia ese soldado habría muerto
congelado y desangrado. Luego del conflicto Xuavia regresó
a su base naval y dio a luz a nueve cachorros con parto normal.
El padre fue Duque.
Tom
El camión me esperaba afuera, junto a mis
soldados y los equipos. Tomé un gran manojo de camperas
y me dirigí a la carrera, pero se me cruzó un
perro de la base que habíamos criado desde cachorro
y me hizo caer. Me levanté maldiciendo, tomé
otra vez las camperas y retomé mi camino, pero a los
pocos metros otra vez el perro me hizo caer. De la bronca,
lo tomé y le dije "Estás jodiendo,
entonces venís con nosotros a Malvinas"
y lo subí al camión. Al ver el perro, el soldado
Cepeda me preguntó asombrado "¿Y eso
mi Cabo Primero? ¿Como se llama el perro?"
Entre risas le contesté "Desde hoy se llama
Tom, porque vamos al Teatro de Operaciones Malvinas".
Al poco tiempo se transformó en el ser más mimado
y querido entre todos, pero debíamos ocultarlo de los
superiores, por eso en las inspecciones siempre estaba dentro
de algún bolso, campera o saco de donde sólo
salía su hocico para respirar. Luego de unos días
de espera en Santa Cruz partimos en un Hércules hacia
las Islas Malvinas transportando a nuestro personal, dos cañones
SOFMA, un UNIMOG y desde luego a Tom, que para esa altura
ya era otro soldado movilizado del Grupo de Artillería
101. En Malvinas Tom se comportó como un bravo artillero.
Cuando tirábamos con la máxima cadencia de fuego
hacia los británicos, él se paraba delante del
cañón como el mejor de los combatientes; siempre
ladraba y jugaba con aquel que estaba bajoneado en los momentos
de calma para darle ánimo; cuando había "alerta
roja de bombardeo naval" era el primero en salir del
refugio para buscar a los más alejados y el último
en entrar a cubrirse; y muchas veces su instinto canino presintió
los bombardeos aéreos antes que se gritara la alarma,
lo cual manifestaba con ladridos que ya conocíamos.
Compartía con nosotros la comida y los soldados le
fabricaron un abrigo con los gorros de lana y bufandas. El
11 de junio, a las 11:15 hs, un avión inglés
se lanzó frenéticamente sobre nuestra posición
bombardeando nuestro cañón y haciéndolo
estallar, nosotros corrimos a cubrirnos y Tom, como siempre,
parado sobre una roca ladraba dando la señal de alerta.
El avión efectuó otra pasada, esta vez ametrallando
con furia nuestra tropa que repelía el ataque con fusiles,
en esta oportunidad varios fueron heridos (yo entre ellos),
y Tom, que corría avisándoles a los más
distantes fue alcanzado por las esquirlas. El humo y el olor
a pólvora cubrieron el lugar. Como pudimos, heridos,
buscamos a Tom y lo encontramos tendido sobre una piedra inmóvil,
con sus grandes ojos negros mirándonos y despidiéndose
lentamente de sus camaradas. Allí quedó para
siempre nuestro cañón y el mejor testigo de
esta Gesta, nuestro querido Tom. Allá en la fría
turba malvinera él es otro bastión argentino,
que junto a los héroes que dieron su vida por la Patria,
significan soberanía y un especial estilo de vida.
Cuando volví al continente, en honor a él, todos
los perros que tuve se llamaron Tom y mientras yo viva así
lo haré. Tom en Malvinas fue mi mejor amigo. ¡Y
yo... jamás olvido a mis amigos!
Colaboración de Oscar
J. Planell Zanone y Oscar A. Turone – Patricios de Vuelta
de Obligado. Relato del Cbo 1º VGM Omar Liborio del GA
101, Ejército Argentino. 
|