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Sabido es que desde que
la mujer integra las filas del Ejército, fue recibida
de muy buena forma, pudiéndose ver de inmediato su
predisposición, espíritu aguerrido y capacidades
de todo tipo. Esto era observado particularmente por parte
de aquellos que dudaban de sus aptitudes para la vida militar,
y en verdad lo estaban y en algunos casos, compitiendo mano
a mano con el personal masculino, movidas por un espíritu
de superación inigualable.
Personalmente me cupo, hace años atrás, siendo
jefe del Curso de Buzos de Ejército, recibir a tres
postulantes para el ingreso, sin que para nada estuviera previsto,
y como así sucedía, se aprobó su postulación,
viéndoselas luego en los exámenes de todo tipo
a las que fueron sometidas. Las por entonces autoridades de
la Ec Ing, donde esto sucedía, decidieron dictar un
“curso paralelo”, adaptado a las capacidades y exigencias
de las que se verían objeto. Dos aprobaron, una subteniente
enfermera profesional y una cabo auxiliar de enfermería.
Durante todo el curso, demostraron condiciones brillantes
que en más de una detenida observación de las
duras actividades a que se las sometía, me miraban
con bronca, hasta que la subteniente, respetuosamente, me
pidió que por favor, se las equiparara a las dos cursantes
mujeres, a las mismas exigencias que sus pares varones.
Continuó el curso y en una durísima prueba en
el terreno, pude constatar personalmente cómo estas
dos agalludas jóvenes llevaban a la rastra a todos
los cursantes varones. Tenían un amor propio increíble.
En otra etapa posterior, y luego de otra actividad muy fuerte,
las llamé y les anuncié que bajo mi responsabilidad,
asumiría el que ejecutaran todo al igual que los varones.
Los lazos entre los cursantes se estrecharon y sus naturales
condiciones se vieron multiplicadas. Mi única recomendación,
luego de tanta actividad operacional que desmerecía
sus actitudes naturales femeninas, fue que fuera de las tareas
eminentemente operacionales, las quería ver, arregladas,
con las uñas cortas y limpias, con modales y gestos
femeninos (que a esta altura habían casi abandonado,
producto de la continuamente dura exigencia), y que se pintaran
y arreglaran, mostrándose como MUJERES. Así,
como por arte de magia, en actividades de planeamiento, teoría,
etc., aparecieron femeninos y coquetos rodetes, “boquitas
pintadas” y hasta los reglamentarios aros de perlas… Continuaron
así, con más ímpetu que nunca y… se recibieron
en los primeros órdenes de mérito.
Ha pasado el tiempo, y hoy ya tenemos oficiales de las armas,
que ponen en posición una batería, o lanzan
puentes o son capaces de instalar complejos sistemas de telecomunicaciones.
Eso, sin mencionar la gran cantidad de mujeres que revistan
en las especialidades de Intendencia y Arsenales, en los servicios
de Sanidad, Veterinaria, Educación física, Banda,
etc. y hasta en las tropas técnicas, como oficiales
de Inteligencia y Técnicas Pilotos. Además de
ello, no faltan aquellas que yendo más allá
de los límites (que no existen casi) en sus posibilidades
profesionales, se han convertido en paracaidistas, buzos de
Ejército, etc.
Sin embargo, cada cosa debe estar para cada cosa y así,
es bueno ver que luego del fragor de la actividad de instrucción,
desaparecen los overoles, los varoniles uniformes de combate,
se aflojan y sueltan los rodetes, dejando caer sensualmente
los cabellos, y debajo de aquel vestuario, aparece una redondeada
femineidad, que resulta totalmente distinta a aquella que
estaba momentos antes en otra situación.
El tema del vestuario femenino, ha sido permanentemente una
preocupación por parte de las autoridades militares
que intervienen en su diseño y confección. De
esa forma, lo que apresuradamente se diseñó
en un momento dado, años atrás, cuando se incorporaran
las primeras mujeres, hoy está siendo estudiado y ponderado
en forma consensuada con mujeres militares, sastres especializados
en confección de ropa femenina y los consejos prácticos
que surgen ora de la estética empleada hasta el momento,
ora, por las cuestiones de orden práctico que nos sugieren
nuestras camaradas femeninas.
Así, hoy en día, se encuentran en estado de
avanzada elaboración, serios proyectos de modificar
progresivamente los uniformes de diario, social, etiqueta
y gala. La cantidad de prendas a proveer y los costos que
supondría, hacen pensar que esto implicaría
una operación progresiva y lenta en el tiempo, debido
a los altos costos que supondría.
No obstante, existen fuertes tendencias para simplificar las
prendas, orientar los uniformes de diario para hacerlos de
pantalón / pollera y chaquetilla verde oliva; dejar
la gorra sólo para el uniforme de social (que cambiaría
su visera por una de color negro, para uniformar todos los
accesorios de cuero del uniforme); imponer una boina para
el uniforme de diario; imponer el uniforme de etiqueta, haciendo
extensivo su uso para los suboficiales y eliminar el uniforme
de gala, por anticuado y excesivamente costoso. Su función
la cubriría el uniforme de etiqueta, con el agregado
de unos pocos accesorios. Se mantendrían para uso en
cuarteles, oficinas y dependencias internas, el uso de los
pulóveres y camperas, así como del piloto y
el capote.
Pero donde tal vez esté la mayor modificación,
será en los uniformes a usar por el personal femenino,
ya que el que usan, en todos sus tipos, fue una tosca adaptación
del masculino, sin tener en cuenta aspectos de real importancia,
respecto de respetar el género especial de la vestimenta
del bello sexo. De esta forma, ya se han confeccionado diversos
prototipos que nos muestran prendas mucho más apropiadas
para la mujer, que las que actualmente usan. A modo de ejemplo,
se muestran algunas de las propuestas:
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